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88. En busca del Gulf Motel

978-84-16560-60-8

En busca del Gulf Motel relata la compleja travesía de su autor en busca de su identidad cultural, sexual y artística. La familia sigue siendo una fuente de inspiración muy importante para el poeta, y el libro es una exploración de cómo la herencia emocional de su familia ha moldeado su forma de ver el mundo. El libro avanza desde la infancia de un niño criado entre exiliados cubanos en Miami hasta la edad adulta de un cubano-americano viviendo en un estado rural como Maine. El poeta busca su lugar en América y desentraña el significado de lo que conocemos como “el sueño americano”.

Invitado por Barack Obama a escribir y leer un poema en su toma de posesión como Presidente de Estados Unidos, Richard Blanco se convirtió —según Los Angeles Times— en “el primer latino, el primer inmigrante, la primera persona abiertamente gay y el primer ingeniero en desempeñar ese papel”.

Autor Richard Blanco
Traducción
Eduardo Aparicio
Encuadernación Rústica con solapas
Páginas 182
ISBN 978-84-16560-60-8
Dimensiones 13.5 cm x 21 cm



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14,00 € tax incl.

EL NOMBRE QUE SIEMPRE QUISE TENER

No Ricardo sino Richard, porque me sentía
como Richard Burton, un verdadero anglosajón
en mallas, recitando versos de Otelo, porque
quería ser tan bello como Richard Gere en un
smoking blanco, por tener un anillo en el meñique,
igual que Richard Dawson del programa Family Feud,
porque sabía que podía ser tan santito
como Richie Cunningham, y tan americano
como el presidente favorito de mi padre, Richard Nixon.

Richard. No Ricardo, ni tampoco mis apodos:
El Negrito—por mi piel color tabaco al nacer,
ni El Galleguito, como tía Noelia llamaba a cualquiera
como yo,
nacido en España, por no ser cien por ciento cubano.
Ni Rico, el nombre que Lupe garabateó en mi escritorio
nombrándome latin lover de Barry Manilow en bata de
rumbero bailando la conga con su canción at the Copa,
Copa Cabana por todo octavo grado. Y por Dios santo,
tampoco Ricardito, que es peor que Dick.

Richard: descendiente de realeza británica,
no de pastores por parte de madre,
ni de guajiros plataneros por parte de padre.
Richard: nombre de compositores alemanes y no
silbidos de machete, ni repicar de tumbadoras.
Richard: más elegante que mi abuelo
en su traje de poliéster, Chiclets en el bolsillo,
más refinado que mi abuela chupando mangos,
tirándose vientos junto al fregadero de la cocina.

Ricardo de Jesús Blanco, te nombro a mí mismo
Sir Richard Jesus White
dueño y señor de mi propia comarca, protector
de mis deseos, conquistador de espejos, soberano
de mi imaginación: un nombre para nombrarme.