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256. Las Oceánicas

978-84-18694-37-0

 

Sus Oceánicas son de la estirpe de las Oceánidas, como también lo son de las brujas, las hadas, las náyades, las ondinas y otras diosas marginales huyendo de la estructura de un panteón, construyendo periferias amorosas contra daños milenarios. Con una insaciable sed que la conecta a las profundas cantoras de la voluptuosidad como Alfonsina Storni, Delmira Agustini, y como tantas otras radicales marginales como Rosalía de Castro amando la indómita naturaleza de las hijas del mar.

 

Sobre María Ovelar, orbita la solidaria reescritura feminista de los cuentos infantiles desvelando el relato interesado, tanático, atravesado por la condenación del deseo. Sus Oceánicas, sin embargo, leen a Diótima entre líneas de la Historia. Han desaprendido para poder aprehender. Sus Oceánicas son irremediablemente exiliadas en la ciudad de las damas y Christine de Pizan las observa como la buena tejedora psicoanalítica y surrealista de Remedios Varo.

 

María Ovelar es esa loca soñando hipersexualizada, atenazada por el mundo, por la culpa, esa que se confiesa en el texto y que padece mientras procura construir su identidad a tientas. Y frente al inmenso mal provocado por los desastres humanos, se aferra sin embargo a la esperanza, como una bella criatura vitalista.

Olga Novo

 

 

Autor:  María Ovelar
ISBN:  978-84-18694-37-0
Encuadernación: Rústica con solapas
Páginas:  98
Dimensiones: 13.5 cm x 21 cm

Mas detalles:

12,00 €

LA GRAN JUGADA

 

Ser espacioso y lejano hecho de jirones de dioses

me atrae tu corola de sol,

tu sombra ensanchada de esquinas interminables.

Caminas conmigo, tu respiración en mi hombro.

Cada noche plantas las semillas con las que voy

empapelando el mundo al despertar.

Cuando te oigo más allá de la noche enjaulada

soy distancia de ruina.

Esa noche donde yo y otros descorremos

bidets a rayas con los turulos de sus mamás,

tan preocupadas por ellos, sus hijos que son también los míos

a pesar de las bofetadas con las que intentan subyugarme,

algo que nunca consiguen.

Y aquí sigo del otro lado de la raya

desde donde te escucho respirar

en esta noche en la que no estás

y mi insomnio ninfómano caza vigilias.